Las dietas hiperproteicas (DHP) se han popularizado por sus efectos sobre la masa muscular, la composición corporal y la pérdida de peso. Sin embargo, una ingesta proteica elevada incrementa el flujo sanguíneo renal y la presión intraglomerular, induciendo hiperfiltración y potencial daño renal. Aunque la evidencia sugiere que este fenómeno puede acelerar la pérdida de la función renal incluso en los individuos con filtrado glomerular normal, los resultados de los estudios son en ocasiones contradictorios. En esta revisión narrativa se analizaron estudios observacionales, ensayos clínicos aleatorizados y metaanálisis que evaluaron la relación entre ingesta proteica, hiperfiltración y riesgo de enfermedad renal crónica en la población general y deportistas, incluyendo trabajos que midieron la función renal mediante estimaciones de filtrado glomerular o aclaramiento de creatinina. Los estudios observacionales muestran consistentemente que una mayor ingesta proteica, especialmente de origen animal, se asocia con hiperfiltración, mayor riesgo de descenso acelerado del filtrado glomerular estimado, de albuminuria y de desarrollo de enfermedad renal crónica. Los ensayos clínicos presentan limitaciones metodológicas relevantes, como tamaños muestrales pequeños, seguimientos cortos y mediciones imprecisas de función renal. En deportistas, los estudios que defienden la seguridad de las DHP carecen de potencia estadística, no incluyen variables clave como albuminuria ni utilizan medidas adecuadas de función renal, asegurando ausencia de repercusión renal pese a observarse en algunos casos fracaso renal. En conjunto, la evidencia disponible sugiere que las DHP pueden comprometer la salud renal a largo plazo, especialmente cuando se mantienen de forma crónica, por lo que se requieren estudios robustos y con seguimiento adecuado para establecer recomendaciones seguras en la población general y deportista.
High-protein diets (HPDs) have become increasingly popular because of their effects on muscle mass, body composition, and weight loss. However, high protein intake increases renal blood flow and intraglomerular pressure, leading to hyperfiltration and potential kidney damage. Although evidence suggests that this phenomenon may accelerate kidney function decline even in individuals with normal glomerular filtration, study findings are sometimes contradictory. This narrative review analyzed observational studies, randomized clinical trials, and meta-analyses evaluating the relationship between protein intake, hyperfiltration, and the risk of chronic kidney disease in the general population and athletes, including studies assessing kidney function through estimated glomerular filtration rate or creatinine clearance. Observational studies consistently show that higher protein intake, particularly from animal sources, is associated with hyperfiltration, an increased risk of accelerated decline in estimated glomerular filtration rate, albuminuria, and the development of chronic kidney disease. Clinical trials present important methodological limitations, including small sample sizes, short follow-up periods, and imprecise measurements of kidney function. In athletes, studies supporting the safety of HPDs lack statistical power, fail to include key variables such as albuminuria, and do not use appropriate measures of kidney function, claiming no renal impact despite reports of kidney failure in some cases. Overall, the available evidence suggests that HPDs may compromise long-term kidney health, particularly when maintained chronically. Robust studies with appropriate design and long-term follow-up are needed to establish safe recommendations for the general population and athletes.
Las proteínas son un macronutriente crítico compuesto por aminoácidos (AA) necesario para la síntesis de estructuras del sistema musculoesquelético, el transporte de moléculas y para el funcionamiento de órganos vitales y del sistema inmunitario. Existen 20 AA de los cuales, 9 son esenciales (AE), no sintetizados por el cuerpo y, por lo tanto, provenientes de la dieta, siendo necesario un consumo adecuado de ellos para un funcionamiento físico y fisiológico óptimos. Dado que el consumo proteico genera más saciedad que los hidratos de carbono y las grasas, suelen ser una parte importante en las intervenciones encaminadas a la pérdida ponderal1–3. De hecho, numerosas sociedades médicas recomiendan dietas hiperproteicas (DHP) para aumentar masa muscular y fuerza, así como facilitar pérdida peso debido a la restricción que implica en carbohidratos3–9. Esto ha extendido la creencia de que el consumo de suplementos y alimentos ricos o enriquecidos en proteínas es bueno y saludable. De hecho, el acceso a este tipo de productos es cada vez más fácil (supermercados, parafarmacias, Internet, gimnasios), difundiéndose rápidamente su recomendación en medios y redes sociales4,5.
Varios estudios observacionales han demostrado que, incorporar un alto contenido proteico a la dieta, ya sea mediante alimentos o suplementos, se asocia a un mayor riesgo de desarrollo y progresión de enfermedad renal crónica (ERC) incluso en individuos sanos4,10–14. La ERC es un problema de salud pública con una prevalencia creciente en torno al 13%, lo que supone una importante carga sobre los sistemas nacionales de salud dadas sus implicaciones en morbimortalidad. Por este motivo, muchos países están desarrollando estrategias para reducir su incidencia y progresión15. Recientemente la OMS ha incorporado la ERC a su agenda global, reconociéndola como una prioridad de salud pública. Esta decisión marca un hito importante en la lucha contra esta enfermedad, instando a los países miembros a fortalecer los programas de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento. Por todo ello, es crucial entender el complejo balance entre los efectos beneficiosos de las DHP sobre la masa y función muscular, y sus potenciales efectos adversos metabólicos.
Una ingesta proteica (IP) elevada aumenta el flujo sanguíneo renal (FSR) generando hipertensión glomerular y en consecuencia aumento de filtración, consiguiendo así una excreción renal más eficiente de productos nitrogenados16. La cronificación de este fenómeno (potencialmente reversible), conocido como hiperfiltración, puede generar esclerosis glomerular y albuminuria, lo cual aumenta el riesgo de desarrollo y progresión de ERC4,12–14. Por ello, con filtrado glomerular estimado (FGe)<60ml/min/1,73m2, se recomienda restringir la IP a ≤0,55-0,60g/kg/día17,18. El estudio Modifcation of Diet in Renal Disease (MDRD) respalda el papel de esta restricción en la ERC, pero no arrojó resultados concluyentes en cuanto a la prevención de la misma17. De hecho, en la literatura, hay recomendaciones contradictorias sobre cuál debe ser la IP recomendada en sujetos con función renal (FR) normal.
Una dieta normoproteica corresponde a una ingesta de 0,8g/kg de peso ideal y día (g/kg/d) de proteínas, lo cual representa el requerimiento dietético recomendado (RDR) establecido para mantener un balance de nitrógeno neutro. Este balance no es más que la diferencia entre el nitrógeno ingerido y el nitrógeno excretado (principalmente en orina, heces y piel). Un balance neutro implica que la cantidad ingerida es igual a la excretada, siendo esta la situación normal e ideal en individuos sanos19. Una dieta baja en proteínas viene definida por una IP 0,6-0,8g/kg/d, encontrándose por debajo del RDR para adultos sanos. Este tipo de dieta es la recomendada para los pacientes con ERC no en diálisis. Una dieta muy baja en proteínas es aquella con una IP 0,3-0,4g/kg/d. Este tipo de dietas requiere suplementación obligatoria con AA esenciales o análogos de cetoácidos para alcanzar un equivalente proteico total de hasta 0,6g/kg/d. Los análogos de cetoácidos, al carecer del grupo amino, sirven como sustratos para la síntesis proteica, sin producir desechos nitrogenados tóxicos. Estas dietas son generalmente vegetarianas o veganas y pueden causar deficiencias de AE si no se suplementan adecuadamente19,20. Por todo ello, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos (NAM) recomiendan una IP diaria de 0,8g/kg/d, ya que es aquella con la que el 97,5% de la población vería cubiertas sus necesidades y evitando un balance nitrogenado negativo (es decir, pérdida de masa muscular)21. Subrayan además que no está justificado un mayor consumo en el ámbito deportivo8,9,21,22, donde su uso es aproximadamente el doble respecto a la población general y aún mayor en el deporte profesional23,24. Sin embargo, la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva (ISSN) recomienda un consumo de 1,4-2,0g/kg/d para el desarrollo y el mantenimiento de la masa muscular, afirmando que IP>3g/kg/d son beneficiosas para la composición corporal de sujetos que realizan entrenamiento de resistencia25.
La mayoría de guías y sociedades internacionales definen las DHP como una IP>1,2g/kg/d, lo que supone que la proteína represente >20% del total de calorías de la dieta, superando el RDR para adultos sanos. Se conocen como dietas muy altas en proteínas a aquellas cuya IP es >1,6g/kg/día20. Este tipo de dietas son prescritas a los deportistas para optimizar su balance proteico muscular, aumentar su masa magra y mejorar el rendimiento26. Es necesario subrayar que los estudios en el ámbito deportivo, incluidos aquellos de la ISSN27–32, afirman que IP>3g/kg/d no tienen efectos sobre la salud renal en sujetos sanos. Estos estudios no fueron diseñados con endpoints renales, tienen escaso número de pacientes y un seguimiento muy reducido como para permitir obtener dichas conclusiones. Además, como veremos más adelante en este trabajo, la FR no fue medida de manera adecuada ni se incluyeron variables necesarias como albuminuria. Estas limitaciones se extienden a numerosos estudios poblacionales y epidemiológicos que concluyen en favor de la seguridad de estas dietas, posiblemente basándose en una interpretación inadecuada de sus resultados. Por otro lado, tenemos estudios de grandes cohortes y diseño adecuado que demuestran como una IP elevada aumenta el riesgo de ERC y aparición de albuminuria en sujetos sanos10,11,33–41. El objetivo de este trabajo es la revisión exhaustiva de los efectos de las DHP sobre la salud renal en individuos sanos y deportistas.
Material y métodosEstrategia de búsquedaSe realizó una búsqueda de estudios observacionales, ensayos clínicos aleatorizados y metaanálisis que evaluaran la relación entre IP y FR en la población general y deportistas. Para ello se utilizaron los siguientes términos de búsqueda en PubMed: («high protein»[Title/abstact] OR «high protein diet»[Title/abstact] OR «protein intake»[Title/abstact] OR «protein consumption»[Title/abstact] OR «protein supplementation»[Title/abstact] OR «protein supplement»[Title/abstact] OR «dietary proteins»[Title/abstact]) OR «diet carbohydrate restrcited »[Title/abstact]) AND («kidney function»[Title/abstact] OR «renal health»[Title/abstact] OR «renal function»[Title/abstact] OR «kidney disease»[Title/abstact] OR «renal disease»[Title/abstact] AND («Proteins»[MeSH Terms] OR «Diet, High-Protein»[MeSH Terms] OR «Dietary Supplements»[MeSH Terms]) AND («Kidney Diseases»[MeSH Terms] OR «Kidney Function Tests»[MeSH Terms] OR «Renal Insufficiency»[MeSH Terms]) AND («clinical trial» [PT] OR «epidemiologic studies» [MeSH] OR «meta-analysis» [PT] OR «systematic review» [TIAB]) NOT («editorial» [PT] OR «letter» [PT] OR «in vitro» [PT] OR «comment» [PT] OR «animal experimentation» [MeSH] OR «infant» [MeSH] OR «child, preschool» [MeSH] OR «pediatric» [TIAB] OR «critical care» [MeSH] OR «hospitalization» [MeSH] OR «pregnancy» [MeSH] OR «protein-energy malnutrition» [MeSH] OR «dialysis» [MeSH] OR «transplant» [MeSH] OR «cancer» [MeSH]).
Criterios de inclusión y exclusiónSe incluyeron estudios en lengua inglesa y castellana que analizaran al menos 2 tipos IP, siendo uno de ellos compatible con las recomendaciones dietéticas de referencia para proteínas (0,8g/kg/d o 10-15% del aporte energético total) y que incluyeran medida de la FR como desenlace. Para dicha medida se consideraron elegibles aquellos que lo hicieron mediante creatinina (Cr) sérica, estimaciones de filtrado glomerular (FGe), aclaramiento de creatinina (CCr) o bien aclaramiento de otras sustancias reconocidas como inulina, iotalamato, tiosulfato sódico. Se recogieron estudios realizados en adultos sanos (>18 años), en condiciones de vida libre, con o sin factores de riesgo metabólico, tales como dislipidemia, diabetes, hipertensión arterial u obesidad.
Se excluyeron los estudios que cumplían alguno de los siguientes criterios: 1) Estudios diseñados para evaluar el efecto del tipo de proteína sin considerar la cantidad; 2) Estudios de intervención aguda (≤24h); 3) Estudios en poblaciones con FGe<60ml/min o con diagnóstico de enfermedad renal terminal; 4) Estudios con IP elevadas sin grupo comparador con menor ingesta, o con ingestas<0,6g/kg/d; 5) Estudios que administraran proteínas en forma de AA por vía intravenosa; 6) Publicaciones no originales, incluyendo cartas al editor, resúmenes, casos clínicos, declaraciones de posicionamiento, hipótesis, protocolos, actas de congresos o estudios de prevalencia; 7) Estudios publicados en un idioma distinto del castellano o inglés; 8) Estudios realizados en la población pediátrica, las mujeres embarazadas o con lactancia; 9) Estudios con sujetos con enfermedades relevantes como cáncer o desnutrición proteico-energética y sujetos trasplantados, y 10) Estudios realizados en modelos animales o in vitro.
Se obtuvieron 3.586 resultados con fecha 01 de marzo de 2025. El primer cribado consistió en la revisión de todos los títulos para evaluar su adecuación a los criterios de elegibilidad. Los estudios no excluidos se sometieron a un segundo cribado que consistió en la revisión de abstracts. Finalmente, el tercer cribado consistió en la lectura de los artículos no excluidos con el objetivo de confirmar que cumplían todos los criterios de inclusión y que no presentaban criterios de exclusión. La selección de estudios fue realizada por 2 revisores.
Adaptación renal a la sobrecarga proteica: hiperfiltración glomerularA principios de los 80 Brenner et al.42 describieron cómo un aumento de la presión glomerular y en consecuencia del FG, fenómeno conocido como hiperfiltración, podía inducir disfunción renal y progresión a ERC. Estudios animales muestran como una nefrectomía unilateral incrementa el FSR y el FG aproximadamente en un 40% en el riñón remanente, acelerando la esclerosis glomerular y la aparición de proteinuria43. Este aumento en la función del riñón solitario se debe a una vasodilatación arteriolar, la cual provoca un aumento del flujo y presión en los capilares glomerulares que contribuyen a la destrucción de las nefronas hiperfuncionantes16. Brenner et al. demostraron como la restricción proteica consigue restaurar la hemodinámica glomerular a niveles cercanos a la normalidad preservando su arquitectura y la ausencia de proteinuria42.
Son muchos los trabajos acerca del efecto de una IP elevada en el aumento del FG, reflejando una adaptación fisiológica para excretar más productos nitrogenados, sugiriendo así la existencia de una reserva funcional renal44,45. En modelos animales, se ha demostrado la relación entre DHP e incrementos del FG y del FSR4,46,47, así como un mayor grado de fibrosis y glomeruloesclerosis24. Hostetter et al.48 objetivaron glomerulomegalia, aumento del CCr en un 30%, y una proteinuria 3 veces mayor en ratas tras 17 meses de DHP. No obstante, otros estudios no lograron demostrar dichos efectos49,50.
El aumento del FSR por la vasodilatación de las arteriolas aferentes debida a una sobrecarga proteica, genera una elevación de la presión intraglomerular que conduce a la pérdida nefronal, lo cual intensifica la hiperfiltración en los glomérulos restantes51 (fig. 1). La hiperfiltración incrementa el consumo de oxígeno, aumentando el estrés oxidativo y la sobreexpresión de citoquinas proinflamatorias y profibróticas como transforming growth factor-β (TGF-β) y el colágeno tipo IV. Además, induce la sobreexpresión de genes proinflamatorios de manera dosis / dependiente52. Esta situación, potencialmente reversible, si mantenida en el tiempo, puede condicionar la aparación de inflamación y apoptosis, provocando daño glomerular y, nuevamente, aumentando de la hiperfiltración en el resto de nefronas sanas53. La existencia de factores predisponentes para ERC (hipertensión, diabetes, enfermedad renal familiar, riñón único funcionante, etc.) hacen aún más plausibles y probables estas consecuencias. Las DHP también contribuyen a aumentar la reabsorción de sodio en los túbulos proximales, elevando aún más la presión intraglomerular y retroalimentando este mecanismo de daño glomerular54 (fig. 2).
Una ingesta proteica elevada induce vasodilación en la arteriola aferente, generando aumento de la presión hidrostática intraglomerular y, en consecuencia, del filtrado. Este fenómeno aumenta el estrés oxidativo, estimula la síntesis de citokinas y los mediadores de inflamación, generando finalmente glomeruloesclerosis y fibrosis intersticial. Esta pérdida nefronal genera mayor sobrecarga sobre el resto de población funcionante y ya hiperfiltrante, amplificando y extendiendo el daño. AA: arteriola aferente; AE: arteriola eferente; FG: filtrado glomerular; GE: glomeruloesclerosis.
Estos mecanismos se han relacionado con progresión de la ERC tanto en estudios experimentales como humanos, relacionándose también en sujetos sanos con un mayor riesgo de ERC, hiperfiltración, albuminuria, y una mayor tasa de pérdida de FR10,11,33,35–37,41,55. La hiperfiltración causa daño glomerular y puede afectar a la FR a largo plazo, especialmente en sujetos que siguen DHP durante períodos prolongados como los deportistas. Esto tiene especial relevancia en sujetos con factores de riesgo para ERC o ERC establecida. Debido al cada vez más extendido consumo de suplementos y alimentos enriquecidos con proteínas en deportistas y en la población general, es indispensable realizar un cribado de enfermedad renal en aquellos que planean iniciar una DHP o en quienes ya la siguen. En el caso del deportista, es un error asumir su condición de sano per se por su edad y estilo de vida.
Estudios en sujetos con función renal normalEstudios observacionalesLa gran mayoría de los estudios epidemiológicos han mostrado una asociación entre DHP y un mayor riesgo de consecuencias renales a largo plazo incluso en sujetos sanos. Es bien cierto que estos estudios, aún con un diseño robusto, no permiten establecer causalidad directa ni conclusiones sólidas y extrapolables por potenciales factores de confusión (comorbilidades, estilos de vida, etc.), no permitiendo, por tanto, establecer una causalidad directa. Un estudio iraní con 1.797 participantes seguidos durante 6 años, encontró que el tercil superior de IP implicaba un aumento del 50% en el riesgo de ERC (OR: 1,48; IC 95%: 1,03-2,15)56. El Korean Genome and Epidemiology Study con 9.226 sujetos sanos con FR normal seguidos durante 11,5 años, demostró que una DHP incrementa el riesgo de hiperfiltración y de deterioro acelerado de la FR. Los participantes fueron clasificados en cuartiles según la IP, el cuartil superior mostró un mayor riesgo de alcanzar FGe<60ml/min/1,73m2 y de hiperfiltración (OR: 3,48; IC 95%: 1,39-8,71; p=0,01) así como de declive rápido de FGe (OR: 1,32; IC 95%: 1,02-1,73; p=0,03) respecto al cuartil inferior. Posteriormente, la muestra se dividió en 2 grupos según presencia o ausencia de hiperfiltración; el descenso del FGe resultó más rápido en el grupo con hiperfiltración (3,1 vs. 2,1ml/min/1,73m2/año; p<0,001)10. El Nurses’ Health Study con 1.624 mujeres seguidas durante 11 años, objetivó una pérdida significativa de FGe de −7,72ml/min/1,73m2 por cada 10g de aumento en IP en mujeres con FGe basales 55-80ml/min/1,73m233. Un subanálisis de esta cohorte (n=3.121) demostró como el cuartil más alto de IP se asociaba significativamente con microalbuminuria (OR: 2.17; IC 95%: 1.18-3.66), con una disminución del FGe>30% (OR: 1,95; IC 95%: 1,27-2,97) y con un descenso rápido significativo de FG≥3ml/min/1,73 m2 por año (OR: 1,77; IC 95%: 1,03-3,03) independientemente de la presencia o no de DM o HTA55. Un estudio chino con 63.257 adultos seguidos durante 15 años, reveló que los 3 cuartiles más altos de IP combinados presentaban un aumento del riesgo del 24% de ERC terminal (HR: 1,24; IC 95%: 1,05-1,46; p<0,05), en comparación con el cuartil más bajo. La ingesta de carne roja mostró también una fuerte asociación con el riesgo de ERC de forma dosis / dependiente (HR: 1,40; IC 95%: 1,15-1,71; p<0,001) para el cuartil más alto versus el más bajo35. De igual manera, Malhotra et al., observaron como el quintil más alto de IP se asoció con una disminución del FGe en diabéticos34. Varios autores han demostrado como incluso mínimos incrementos de IP (0,1g/kg/d) se relacionaban con mayor pérdida de FG anual, así como mayor riesgo de ERC11,36,41,57. Un estudio italiano con 1.144 sujetos seguidos durante 12 años demostró como una DHP se asociaba a un mayor FGe inicial, pero también a un mayor declive del FGe a lo largo del tiempo, con un riesgo de ERC 1,78 veces superior11. Aunque Haring et al. no objetivaron esta relación, el consumo de carne roja se relacionó con mayor riesgo de ERC frente a una dieta rica en proteína de origen vegetal (PV)57. Berryman et al., en su estudio sobre 11.111 sujetos concluye que la FR se mantiene dentro de la normalidad a pesar del aumento de IP, si bien hay que subrayar que objetivan un aumento significativo del FGe entre los deciles 1 y 558. En este sentido, Ogna et al. confirmaron la relación entre IP e hiperfiltración en su estudio sobre 1.339 participantes.
En varias cohortes, la asociación entre IP y declive de la FR se mantuvo consistente tras ajustar por edad y sexo, lo que sugiere una relativa homogeneidad del efecto entre subgrupos demográficos11,33,39,41,55,59,60. Sin embargo, algunos trabajos presentan limitaciones importantes para interpretar estas variables, incluyendo diseños con población exclusivamente femenina o masculina, que impiden evaluar el papel del sexo como modificador33,55. De forma puntual, se describen diferencias por sexo en determinados desenlaces cardiovasculares o metabólicos, aunque sin impacto consistente sobre los resultados renales56. En conjunto, la evidencia sugiere que la edad y el sexo no constituyen determinantes clave en la relación entre IP y FR en la mayoría de los estudios. Los grandes estudios observacionales publicados en los últimos 25 años que evalúan la relación entre DHP y salud renal10,11,33–41,58–60 se recogen en la tabla 1.
Estudios observacionales en grandes poblaciones (>1.000 participantes) sobre dietas hiperproteicas y salud renal publicados en los últimos 25 años
| Referencia estudio | Estudio o localización | Tipo | N (% mujeres) | Edad media (años) | FGe medio (ml/min/1.73 m2) | Grupo de mayor ingesta proteica | Duración (años) | Resultados |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Knight et al., 200332 | Nurses’ Health Study | CP | 1624 (100) | 55 | 90 | 93 g/d | 11 | La DHP no se asoció con un deterioro del FGe en pacientes con función renal normal. Sin embargo, sí se relacionó con un deterioro acelerado del FGe en sujetos con ERC leve. |
| Huang et al., 200839 | Taiwan | TR | 599 (46) | 60 | 22 | NE | NA | Una ingesta proteica elevada se asoció a FGe más bajos. |
| Halbesma et al., 200959 | Prevention of Renal and Vascular ENd-stage Disease (PREVEND) | CP | 8461 (NE) | 50 | 81 | 1.4 g/kg/d | 7 | No se encontró relación entre IP y tasa de disminución del GFR |
| Lin et al., 201155 | Nurses’ Health Study Subanálisis | CP | 3121 (100) | 67 | 76 | 78 g/d | 11 | El cuartil más alto de IP en comparación con el más bajo, se asoció con aparición de microalbuminuria (OR: 2,17) y con un descenso rápido del FG≥3ml/min/1,73 m2 por año (OR: 1,77). |
| Cirillo et al., 201411 | Gubbio Study | CP | 1522 (56) | 54 | 84 | 2.1 g/kg/d | 12 | Un incremento de 1 g/d en la IP se relacionó con una pérdida mayor de FGe (4,1 ml/min/1,73m2) y con un riesgo 1,78 veces mayor de incidencia de ERC (FGe <60ml/min/1,73m2) |
| Beasley et al., 201460 | Cardiovascular Health Study | CP | 3623 (NE) | 72 | 73 | 1.63 g/kg/d | 6.4 | La IP no se asoció a cambios en el FGe. |
| Rebholz et al., 201541 | The Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC) Study | CP | 15055 (55) | 54 | 103 | 91.5 g/d | 21 | La mayor ingesta proteica se relacionó con mayor carga ácida y con mayor incidencia de ERC (HR 1.3) |
| Herber-Gast et al., 2016148 | Doetinchem Cohort Study | CP | 3798 (NE) | 45 | 108 | 89 g/d | 15 | Un mayor consumo de proteína láctea baja en grasa se asoció con una menor disminución del FGe |
| Lew et al., 201735 | Singapore Chinese Health Study | CP | 63257 (50) | 57 | NS | 65.3 g/d | 15.5 | La IP total se asoció positivamente con la incidencia de ERCA, ajustada por características demográficas básicas (HR: 1,55), al comparar el cuartil más alto con el cuartil más bajo de ingesta. El HR disminuyó a 1,19 tras ajustar por factores de estilo de vida y comorbilidades. |
| Haring et al., 201757 | Atherosclerosis Risk in Communities (ARIC) Study | CP | 11952 (55) | 54 | 103 | 109.5 g/d | 23 | La IP total no se asoció con un aumento del riesgo de ERC incidente. |
| Malhotra et al., 201834 | Jackson Heart Study | OB | 3165 (64) | 55 | 97 | 1.0 g/kg/d | 8 | La IP como porcentaje de la ingesta energética, en los quintiles más bajo y más alto, se asoció con un descenso del FGe en diabéticos. |
| Esmeijer et al., 201936 | Alpha Omega Cohort | CP | 2255 (20) | 69 | 82 | 92 g/d | 3.5 | Una IP ≥1,20 g/kg/día, en comparación con <0,80 g/kg/día, condicionó un descenso anual del FGe dos veces más rápido en el período posterior al infarto de miocardio. |
| Jhee et al., 201910 | Korean Genome and Epidemiology Study | CP | 9226 (NE) | 52 | 94 | 1.7 g/kg/d | 11.5 | El cuartil más alto se asoció con un aumento de 1,32 veces en el riesgo de descenso rápido del FGe. |
| Farhadnejad et al., 201937 | Tehran Lipid and Glucose Study | CP | 1797 (55) | 38 | 76 | 16% | 6.1 | El tertil más alto de IP de DHPBH se relacionó con un mayor riesgo de ERC de nueva aparición en comparación con el tertil más bajo. |
| Narasaki et al., 202138 | National Health and Nutritional Examination Survey | RT | 27604 (NE) | 72 | FGe<60: 47FGe>60: 100 | 1.4g/Kg/d | 4.7 | Una IP de al menos 1,4 g/kg/día se asoció con una mayor mortalidad (HR 1,37) en sujetos con FGe <60 ml/min/1,73 m2. |
CP: cohorte prospectiva; DHP: dieta hiperproteica; DHPBH: dieta hiperproteica baja en hidratos de carbono; ERC: enfermedad renal crónica; ERCA: enfermedad renal crónica avanzada; FGe: filtrado glomerular estimado; HR: hazard ratio; IP: ingesta proteica; NA: no aplicable; NE: no especificado; OB: observacional; OR: odds ratio; RT: retrospectivo; TR: transversal.
Es alarmante como, aun evidenciando hiperfiltración asociada a DHP, numerosos autores subrayan la ausencia de repercusión renal en sus conclusiones, generando una peligrosa falsa seguridad56,59–64, incluso encontrando algunos un deterioro franco de FR29. La falta de períodos de seguimiento adecuados junto con la incorrecta medida de FR y la ausencia de determinación de albuminuria hace imposible demostrar el riesgo de ERC que implica una IP elevada, haciendo aún más inconsistentes estas afirmaciones de seguridad.
Estudios controlados y aleatorizadosLos 50 estudios aleatorizados y controlados recogidos incluyeron solo individuos con FR normal; 24 con individuos sanos, recogiendo el resto sujetos con obesidad / sobrepeso y/o diabetes (n=23), hipertensión (n=2) o dislipemia (n=1). La FR se evaluó en 24/50 mediante estimación del FG por CKD-EPI y MDRD. Aunque CKD-EPI muestra mayor exactitud con FG>60ml/min/1,73m2, su precisión es subóptima con FR normal, no recomendándose su uso en individuos con masa magra anormalmente alta o baja26,27,61–63. Los 26/50 estudios restantes utilizaron el CCr en su mayoría, usando algunos el aclaramiento de otras sustancias. La mediana de participantes fue de 40 y solo 8 estudios tuvieron una duración de al menos un año; 3 de 6 meses y el resto entre una y 24 semanas. De todos ellos, 18 recogieron FR pre y postintervención nutricional, en 10 de ellos la mayor IP se asoció con aumento de la FR reflejando hiperfiltración64–72. De los 8 restantes, en 5 no hubo diferencias (se compararon hiperproteica vs. hiperproteica, o normo vs. normo). En el resto de estudios no hubo un claro patrón, reduciéndose la FR también en ambos grupos de IP. En los estudios que objetivaron aumento de FG, la FR se encontraba en los límites normales para individuos sanos (>90ml/min/1,73m2), llegando en los casos más llamativos a cifras entre 125 y 159ml/min/1,73m2 postintervención65,71–73. Esta situación se dio generalmente en estudios pequeños (n≤24), de corta duración (una semana) y con individuos jóvenes (21-26 años), siendo la edad el principal determinante del FG en sujetos sanos63. Aunque muchos autores no detallan la FR basal y postintervención, si muestran mayor FR en relación con IP70,72–77.
En estos estudios, edad y sexo muestran una implicación en general limitada, como modificadores del efecto de la intervención dietética, actuando en la mayoría de los casos como variables de ajuste más que como determinantes de los resultados. De hecho, numerosos ensayos no evaluaron explícitamente interacciones por sexo o edad, o bien presentaron muestras homogéneas (exclusivamente mujeres o varones)64,69,78–84. En aquellos estudios con población mixta, la consistencia de los resultados tras ajuste multivariante sugiere que las asociaciones observadas entre IP y desenlaces metabólicos o renales son robustas e independientes de estas variables65,67,70,71,74,85–93. Sin embargo, existen excepciones relevantes que apuntan a un posible papel modulador de la edad en contextos específicos: estudios fisiológicos muestran respuestas diferenciales del FGe entre sujetos jóvenes y mayores ante DHP94,95, lo que sugiere una posible mayor vulnerabilidad renal asociada al envejecimiento.
MetaanálisisSchwingshackl et al. publicaron un metaanálisis que comprendía 30 estudios con 2.160 individuos con FR normal, estudiando el impacto de una DHP frente a otra normo/hipoproteica sobre la FR. La DHP se asoció con un aumento significativo de FGe de 7,18ml/min/1,73m2 (IC 95%: 4,45-9,91; p<0,001) en comparación con dietas hipo / normo / proteícas, tras una mediana de seguimiento de 12 semanas96. Otro metaanálisis con 28 estudios (16 de ellos analizados por Schwingshackl et al.)97 y un total de 1.358 participantes, también objetivó un FGe significativamente más alto asociado a la DHP. Sin embargo, el cambio entre FGe pre/post no resultó estadísticamente significativo. Cabe reseñar el corto período de seguimiento con una mediana de 7 semanas lo cual hace difícil poder demostrar diferencias de FR y extrapolar conclusiones.
Conviene realizar algunas observaciones con respecto a los estudios incluidos en ambos metaanálisis. Casi la mitad de ellos utilizaron FGe como medida de la FR, el cual pierde precisión en sujetos con FR normal. Además, solo 8 de los 42 tuvieron un seguimiento de al menos 1 año. Entre sus conclusiones los autores afirman que el aumento de FR puede interpretarse como una respuesta adaptativa a una alta IP, la cual no afecta negativamente al riñón sano. Pero sabemos que la hiperfiltración puede desencadenar una serie de mecanismos (estrés oxidativo, inflamación, apoptosis, etc) que pueden provocar daño estructural glomerular y que pudieran estar relacionados con la aparición y progresión de ERC16,24,34,51–54,98. Estos mecanismos demostrados en estudios experimentales, aunque plausibles, no han podido ser siempre demostrados en estudios humanos. Jhee et al demostraron con 9.226 participantes como el riesgo de hiperifltración era hasta 3,48 veces superior en los pacientes con mayor IP, implicando además una pérdida más rápida de FG con el tiempo10.
En ninguno de los 2 metaanálisis se evidenció una influencia significativa de la edad sobre los cambios en el FG, lo que sugiere que la respuesta renal a DHP es homogénea a lo largo del espectro etario, a pesar de la heterogeneidad de edades (22-67 años) y del reconocimiento de una mayor vulnerabilidad renal con el envejecimiento. En cuanto al sexo, se recogió como característica descriptiva de las cohortes incluidas, pero no se analizó como modificador del efecto, por lo que no hay evidencia de su impacto en los resultados. Los estudios con sujetos con FR normal que evalúan la repercusión de las DHP64–75,77–82,94,95,99–115 se resumen en la tabla 2.
Estudios sobre dietas hiperproteicas que evalúan función renal en sujetos con función renal normal
| Estudio (ref) | Diseño | Duración (semanas) | N (%mujeres) | Edad media (años) | IP diaria | Método de medida de función renal | Función pre | Función post |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Bergstrom et al.99 | Cruzado | 1 | 8 (50) | 26 | 2g/Kg/d0.3g/Kg/d | Aclaramiento de Inulina (mL/min) | NENE | 113±12100±14 |
| Brinkworth et al.100 | GP | 68 | 29 (72) | 52 | 30%15% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 100±44102±27 | 100±14113±30 |
| Brinkworth et al.149 | GP | 52 | 68 (63) | 51 | 35%24% | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | 90±1784±14 | 91±1884±12 |
| Cao et al.78 | Cruzado | 7 | 16 (100) | 56 | 1.6g/Kg/d0.8g/Kg/d | Cr sérica (μmol/L) | 63.963.9 | 6666 |
| Chu et al.101 | Cruzado | 2 | 6 (0) | 25 | 150g75g | Aclaramiento de Cr (mL/min) | NENE | 122±15105±14 |
| Doorenbos et al.73 | ECA | 1 | 8 | 21-24 | 1.0g/Kg/d2.0g/Kg/d | FGe (no especificado, mL/min) | NENE | 120130 |
| Ferrara et al.102 | ECA | 24 | 15 (0) | 26 | 1.9g/Kg/d1.3g/Kg/d | FGe (no especificado, mL/min) | NENE | NENE |
| Flechtner-Mors et al.92 | ECA | 48 | 110 (88) | 49 | 1.38g/Kg/d0.8g/Kg/d | Cr sérica (μmol/L) | 75±1579±19 | 73±1876±18 |
| Frank et al.79 | Cruzado | 1 | 24 (0) | 24 | 2.4g/Kg/d1.2g/Kg/d | Aclaramiento de Sinistrina (mL/min) | NENE | 141±8125±5 |
| Friedman et al.71 | GP | 104 | 307 (68) | 46 | Unlimited15% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 135±35133±42 | 139±35130±42 |
| Gross et al.103 | Cruzado | 4 | 15 (27) | 57 | 1.2-1.5g/Kg/d0.5-0.8g/Kg/d | Aclaramiento de Cr (mL/min) | NENE | 101±2394±20 |
| Hegsted and Linkswiler 104 | Cruzado | 9 | 6 (100) | 25 | 123g46g | Aclaramiento de Cr (mL/min) | NENE | 103±591±3 |
| Jacobs et al.93 | ECA | 8 | 378 (48) | 22-75 | 13.8%17.9% | FGe (no especificado, mL/min) | NENE | NENE |
| Jenkins et al.105 | Cruzado | 4 | 20 (25) | 56 | 27.4%15.6% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | NENE | 110±31104±36 |
| Jesudason et al.106 | ECA | 12 | 45 (22) | 60 | 30%20% | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | 98±2891±30 | 97±2090±28 |
| Johnston et al.85 | GP | 6 | 16 (90) | 19-54 | 31.5%15% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 104±2582±17 | 85±2585±22 |
| Juraschek et al.70 | Cruzado | 6 | 164 (45) | 54 | 25%15% | FGe (CKD EPI cystatin C, ml/min/1.73m2) | 92±1692±16 | +3.81 mL/min/1.73m2 con DHP |
| Kerstetter et al.84 | Cruzado | 2 | 7 (100) | 2 | 2.1g/Kg/d0.7g/Kg/d | FGe (no especificado, mL/min) | 94±590±5 | 108±1586±12 |
| Kerstetter et al.64 | Cruzado | 1 | 7 (100) | 26 | 2.1g/Kg/d0.7g/Kg/d | FGe (no especificado, mL/min) | 104±1398±12 | 116±22102±10 |
| Kerstetter et al.114 | Cruzado | 2 | 8 (100) | 23 | 0.7g/Kg1g/Kg | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 93±12102±10 | 99±994±7 |
| Kerstetter et al.83 | Cruzado | 1 | 20 (100) | 29 | 0.7g/Kg2.1g/Kg | Aclaramiento de Cr (mL/min) | NENE | 94±4103±4 |
| Kim and Linkswiler 107 | Cruzado | 1.5 | 6 (0) | 21-29 | 142g47g | Aclaramiento de Cr (mL/min) | NENE | 116±7105±10 |
| Kitazato et al.72 | Cruzado | 1 | 14 (X) | 21 | 16.2%12.3% | Aclaramiento de tiosulfato sódico (mL/min) | NENE | 159138 |
| Krebs et al.86 | ECA | 52 | 419 (60) | 58 | 30%15% | Cr sérica (μmol/L) | 78±2575±19 | 83±2478±22 |
| Larsen et al.87 | GP | 52 | 99 (52) | 59 | 30%15% | FGe (no especificado, mL/min) | 70±1273±15 | 73±1876±18 |
| Leidy et al.80 | GP | 12 | 46 (100) | 50 | 30%15% | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | 86±974±14 | 84±978±10 |
| Li et al.65 | ECA | 52 | 100 (62) | 49 | 2.2 g/Kg/d1.1 g/Kg/d | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 129±60117±44 | 139±40117±43 |
| Liu et al.81 | ECA | 12 | 50 (100) | 47 | DBH18% | Cr sérica (μmol/L) | 53±258±2 | 61±363±2 |
| Longland et al.66 | GP | 4 | 40 (0) | 23 | 2.4g/Kg/d1.2g/Kg/d | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | 109±9114±11 | 114±11117±11 |
| Luger et al.108 | GP | 12 | 42 (55) | 62 | 30%15% | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | 71±1566±15 | 74±1469±19 |
| Luscombe-Marsh et al.67 | GP | 12 | 57 (56) | 50 | 40%20% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 121±37117±52 | 141±45124±60 |
| Møller et al.113 | ECA | 48 | 309 (130) | 61 | 25%15% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 114.1±38NE | 108.7±50NE |
| Noakes et al.82 | GP | 12 | 98 (100) | 49 | 34%17% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 82±2382±23 | 77±2073±21 |
| Nuttall et al.76 | Cruzado | 5 | 8 (0) | 63 | 30%15% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 144±17143±15 | 137±10127±13 |
| Pomerleau et al.109 | Cruzado | 3 | 20 (33) | 58 | 1.9g/Kg/d0.8g/Kg/d | Aclaramiento de DTPA (ml/s/1.73m2) | 1.7±0.51.8±0.6 | 1.67±0.61.49±0.6 |
| Roughead et al.77 | Cruzado | 8 | 15 (100) | 60 | 1.62g/Kg/d0.94g/Kg/d | Aclaramiento de Cr (mL/min) | NENE | 83±1173±11 |
| Sargrad et al.88 | ECA | 8 | 12 (75) | 47 | 30%15% | Cr sérica (μmol/L) | 79.6±1879.6±8.9 | 88.4±17.788.4±17.7 |
| Skov et al.68 | GP | 24 | 50 (76) | 40 | 25%12% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 106±15114±19 | 111±18105±16 |
| Stern et al.89 | ECA | 4 | 41 (65) | 53 | DBH15% | Cr sérica (μmol/L) | 94.4±1789.2±20 | 96.6±1990.1±20 |
| Tay et al.110 | GP | 52 | 115 (43) | 58 | 28%17% | FGe (CKD EPI, ml/min/1.73m2) | 96±1292±12 | 92±1290±12 |
| Teunissen-Beekman 90 | GP | 4 | 48 (30) | 55 | 1.5g/Kg/d1g/Kg/d | Aclaramiento de Inulina (mL/min) | 130±25137±26 | 127±25134±26 |
| Tirosh et al.74 | ECA | 104 | 318 (14) | 51 | DBHMedDBG | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | NENENE | +5.3%+5.2%+4.0% |
| Velázquez et al.91 | ECA | 4 | 41 (65) | 67 | 70g/d56g/d | FGe (Cockroft-Gault, ml/min) | 81±2187±15 | 79±2086±18 |
| Wagner et al.94 | Cruzado | 1 | 12 (67) | 31 | 2g/Kg/d0.5g/Kg/d | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | NENE | 95±1192±10 |
| Wagner et al.94 | Cruzado | 1 | 10 (70) | 60 | 2g/Kg/d0.5g/Kg/d | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | NENE | 77±969±10 |
| Walrand et al.95 | Cruzado | 1.5 | 10 (50) | 24 | 2.1g/Kg/d1g/Kg/d | Aclaramiento de Iotalamato (mL/ min/AS) | NENE | 128±6106±4 |
| Walrand et al.95 | Cruzado | 1.5 | 9 (44) | 70 | 2.1g/Kg/d1g/Kg/d | Aclaramiento de Iotalamato (mL/ min/AS) | NENE | 74±681±7 |
| Westman et al.111 | ECA | 24 | 84 (78%) | 51 | DMBH15% | FGe (MDRD ml/min/1.73m2) | NENE | NENE |
| Wycherley et al.69 | GP | 52 | 64 (0) | 51 | 35%17% | Aclaramiento de Cr (mL/min) | 10625103±23 | 110±40101±27 |
| Yancy et al.115 | ECA | 48 | 146 (41) | 52 | 112g/d78g/d | Cr sérica (μmol/L) | NENE | NENE |
Los valores se expresan como media±DE
AS: área de superficie; Cr: Creatinina; DBG: Dieta baja en grasas; DBH: Dieta baja en hidratos de carbono; DE: Desviación estándar; DMBH: Dieta muy baja en hidratos de carbono; DTPA: dietilentriaminopentaacetato; ECA: Ensayo clínico controlado y aleatorizado; FGe: Filtrado glomerular estimado; Función pre: Función renal pre-intervención; Función post: Función renal post-intervención; GP: Estudio de grupos paralelos; IP: Ingesta proteica; Med: Dieta Mediterránea; NE: no especificado.
La IP favorece la síntesis proteica muscular, motivo por el cual este tipo de dietas y suplementos son utilizados para optimizar el rendimiento en fuerza y resistencia25. Así, deportistas profesionales y culturistas, alcanzan consumos de hasta 4,3g/kg/d en varones y 2,8g/kg/d en mujeres, superando ampliamente las recomendaciones diarias116. Sin embargo, Morton et al., en su metaanálisis sobre 49 estudios y 1.863 participantes, concluyeron que IP superiores a 1,6g/kg/d no incrementaban la masa muscular, siendo el entrenamiento el principal estímulo para la misma117.
Los estudios en deportistas, incluidos aquellos en los que se basa la ISSN para sus recomendaciones25,28–32, señalan que, una DHP incluso mayor de 3,5g/kg/d, no implica efecto renal adverso alguno. Todos estos trabajos recogen un número insuficiente de sujetos, con un seguimiento corto y sin una potencia estadística suficiente para obtener conclusiones extrapolables. Fueron diseñados para valorar composición corporal, no con endpoints renales midiendo además la FR de manera inadecuada. Sin embargo, los autores concluyen y subrayan la seguridad renal de las DHP, siendo este hecho especialmente llamativo en el estudio de José Antonio et al.31 en el que 2/5 sujetos deterioraron FR (Cr 0,85→1,3mg/dl y FGe 97→61ml/min/1,73m2) tras 2 años de DHP. Además, a excepción de un trabajo, todos los estudios incluyen muestras homogéneas de varones jóvenes con entrenamiento de fuerza, lo que limita de forma significativa la capacidad de evaluar diferencias por sexo y reduce la variabilidad etaria a rangos estrechos propios de poblaciones atléticas28,30–32, lo cual impide la extrapolación y generalización de resultados. El único estudio que incorporó mujeres, no realizó análisis estratificado, ni exploró interacción alguna29. Los estudios en atletas28–32 se resumen en la tabla 3.
Estudios en atletas con medida de función renal
| Estudio ref | Diseño | Duración (semanas) | N (% mujeres) | Edad media (años) | Tipo de ejercicio | IP diaria (gr/Kd/día) | Medida de función renal | FGe pre (ml/min/1.73m2) | FGe post (ml/min/1.73m2) | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Antonio et al.28 | Cruzado | 24 | 14 (0) | 26 | Entrenamiento de fuerza | 2.63.3 | FGe¥ | 96±20*95±19* | 102±1898±16 | |
| Antonio et al.29 | RCT | 6 | 48 (23) | 26 | Entrenamiento de fuerza | 2.33.4 | FGe¥ (solo en 23 sujetos) | 101±1290±13 | 100.±1590±9 | |
| Antonio et al.30 | Cruzado | 8 | 12 (0) | 26 | Entrenamiento de fuerza | 2.63.3 | FGe¥ | 96±20§ | 102±18101±18 | |
| Antonio et al.31 | SC | 104 | 5 (0) | 30 | Entrenamiento de fuerza | 2.2 | FGe¥ | 681267612589 | w52sw | 104s |
| 661179713595 | 721176112599 | |||||||||
| Poortmans et al.32 | GP | 1 | 38 (0) | 28 | 20 culturistas13 ciclistas2 yudokas3 remeros | 1.941.35 | Aclaramiento de Cr 24h | NE | 148±6*143±5* |
FGe: filtrado glomerular estimado; FGe pre: filtrado glomerular estimado pre-intervención; FGe post: filtrado glomerular estimado postintervención; GP: estudio de grupos paralelos. IP: ingesta proteica; NE: no especificado; SC: serie de casos clínicos; 52s: filtrado glomerular estimado tras 52 semanas; 104s: filtrado glomerular estimado tras 104 semanas.
Los valores se expresan como media±DE
Sabemos que la sobrecarga proteica, ya sea mediante dieta o suplementos, induce un aumento del FG como adaptación fisiológica para la excreción del exceso de productos nitrogenados, lo que sugiere la existencia de una reserva funcional renal44,45. Brenner et al. explicaban esta reserva mediante el reclutamiento de nefronas superficiales en situaciones de sobrealimentación, quedando las más profundas perfundidas de manera constante, manteniendo la FR basal entre ingestas42.
En fases iniciales la hiperfiltración se manifiesta por el aumento del FG, proteinuria o ambos, lo que puede conducir a una pérdida progresiva de FR, especialmente en pacientes con ERC subyacente o factores de riesgo para ella16. Varios estudios observacionales a largo plazo han demostrado asociación entre el consumo de DHP y deterioro de FR en individuos con ERC13,33. En el estudio de Gubbio (1.522 participantes), una mayor IP se asoció con un menor FGe tras 12 años de seguimiento independientemente de la existencia de ERC. Incrementos de la IP en 1g/d se asociaron con una mayor caída del FGe (−4,1ml/min/1,73m2) y con un aumento significativo del riesgo de ERC11. Los estudios de cohortes más recientes con muestras entre 2.000-27.600 sujetos y seguimiento entre 3,5-11,5 años, muestran como una IP elevada aumenta al doble la pérdida de FGe anual con un mayor riesgo de ERC incidente, implicando mayor mortalidad en aquellos pacientes con ERC previa10,36–38,56.
Otros estudios observacionales y ensayos clínicos aleatorizados no han objetivado esta asociación, demostrando en general, un efecto escaso o nulo sobre la FR. En general, estos estudios cuentan con períodos de observación insuficientes, mediciones de FR mediante estimaciones y una tasa considerable de pérdidas de participantes. La escasa repercusión sobre FR observada en algunos estudios a largo plazo podría atribuirse al curso natural de la hiperfiltración: incremento inicial de FR y disminución posterior al final del seguimiento, que impide demostrar diferencias71.
La hiperfiltración también puede conllevar un mayor riesgo de proteinuria. Diversos estudios han demostrado una asociación entre IP elevada y albuminuria como marcador precoz de daño renal, en comparación con dietas normoproteicas40,55,71,113,118,119. Otros autores no han podido demostrarla especialmente entre sujetos con FR normal65,86,87,110, probablemente por el reducido número de participantes y períodos de observación cortos (<12 meses), ya que se precisarían ensayos a gran escala y larga duración.
La mayoría de publicaciones sobre DHP y FR en sujetos sanos y atletas están centradas en efectos a corto plazo, por lo que disponemos de escasa información sobre las consecuencias de su ingesta crónica. En sujetos con FR normal, el mantenimiento prolongado de esta situación puede inducir agotamiento de la reserva funcional, descenso progresivo del FG desde hiperfiltración a valores normales y, posteriormente, evolución hacia ERC.
Varios estudios han evidenciado una fuerte asociación entre el consumo de proteína animal (PA) y la incidencia y progresión de ERC35,40,57,60, así como un mayor riesgo de albuminuria y descenso rápido del FG35,40,42. La fisiopatología de estas asociaciones puede verse afectada por la hipertensión120 o el aumento de peso121. Por el contrario, sabemos que la PV ejerce efectos opuestos122,123. En comparación con esta, la PA induce un desequilibrio en la microbiota intestinal mediante mayor producción de amoníaco y compuestos sulfurados, con un perfil proinflamatorio que puede reducir la FR y aumentar el riesgo de enfermedad cardiovascular124–127. El fósforo podría desempeñar un papel importante en este proceso ya que las proteínas constituyen una fuente relevante del mismo, con una relación lineal entre IP y fosforemia. Su aporte puede ser natural mediante alimentos ricos en proteínas, aditivos de fosfato inorgánico, o bien suplementos proteicos que presentan alta biodisponibilidad128. El riñón es el principal órgano regulador de la homeostasis del fósforo, la sobrecarga dietética del mismo aumenta la expresión del factor de crecimiento fibroblástico 23 (FGF-23), regulador crítico que promueve la fosfaturia129. Niveles elevados de FGF-23 se asocian de manera independiente con presencia y severidad de calcificación arterial al promover la diferenciación osteoblástica de las células musculares lisas vasculares129–131. Incluso en ausencia de hiperfosforemia, la sobrecarga dietética de fósforo induce disfunción endotelial mediante estrés oxidativo y reducción de la síntesis de óxido nítrico acelerando el daño renal131, condicionado a su vez, por la estimulación de proliferación celular y activación del sistema renina / angiotensina por FGF-23132,133. El papel patogénico independiente del fósforo en el inicio y progresión de la ERC está avalado por numerosos estudios observacionales134–136 (fig. 3).
Papel del fósforo en el daño y progresión de la enfermedad renal crónica. Las proteínas son una fuente importante de fósforo. Este estimula producción de factor de crecimiento fibroblástico 23 (FGF-23), que promueve su eliminación renal. A su vez FGF-23 promueve la diferenciación osteoblástica de las células musculares lisas vasculares y la activación del sistema renina-angiotensina, generando en último término daño renal y miocárdico por fibrosis. Además, la sobrecarga de fósforo induce disfunción endotelial y estrés oxidativo, reduciendo síntesis de óxido nítrico, acelerando el daño vascular renal.
Por otro lado, la PA genera una mayor carga ácida, aumentando la acidosis, especialmente en pacientes con alteraciones en la excreción de ácidos y generación de bicarbonato. La acidosis parece contribuir al desarrollo de ERC estimulando la producción de angiotensina II, aldosterona y endotelina-1, que favorecen la excreción de ácido, aunque su aumento crónico promueve inflamación y fibrosis deteriorando la FR. Además, estimula la amoniogénesis para incrementar la excreción de ácido, pero induce activación y depósito de C3 y C5b-9 del complemento, generando daño túbulo-intersticial y progresión de la enfermedad137–141. Baranauskas et al. observaron que atletas bajo DHP (2,0-4,8g/kg/d) presentaron excesiva producción endógena ácida con alteraciones del ácido-base, objetivando un mayor descenso del pH sobre el inducido por el ejercicio142,143.
Por el contrario, los alimentos vegetales, ricos en alcalinos naturales, pueden emplearse para reducir la carga ácida y la gravedad de la acidosis metabólica140. Sustituir una porción de carne roja por PV, se asoció con reducción del 31-62,4% del riesgo de ERC35,57. Por todo ello la PV es la recomendada en ERC120 (tabla 4). Existe escasa literatura que aborde el uso de dietas veganas en el ámbito deportivo por carecer de algunos AE. Se requieren estudios en deportistas sobre rendimiento, composición corporal y salud renal con este tipo de dietas. En la población general, la mayoría de los estudios listados en la tabla 2 utilizaron PA64,66,67,69,71,73,76,79–82,87–89,95.99–101,109–112, algunos combinaron proteínas animales y vegetales65,68,70,72,75,78,79,85,100,103,107,108,114, solo 2 emplearon proteína vegetal77,105 y 6 no especificaron la fuente70,84,86,91,94,106. Lamentablemente, estos estudios no compararon resultados entre las diferentes fuentes proteicas.
Diferencias metabólicas fundamentales entre la proteína de origen animal y vegetal
| Proteína animal | Proteína vegetal |
|---|---|
| Mayor carga ácida | Rica en álcalis naturales |
| > descenso del pH | <descenso del pH |
| > Amonio | <Amonio |
| Papel negativo en el metabolismo mineral óseo | |
| Facilita litogénesis renal | |
| > Compuestos sulfurados | <Compuestos sulfurados |
| Perfil proinflamatorio |
Hasta donde conocemos, todos los estudios publicados en atletas carecieron de grupos control con IP normales, comparándose en su mayoría distintas DHP. Ninguno utilizó un período de seguimiento prolongado ni un tamaño muestral suficiente para establecer conclusiones sobre su repercusión renal. Una minoría evaluó la FR mediante CCr, método más preciso en jóvenes y deportistas que el FGe26 utilizado en la mayoría de los estudios. La Cr puede aumentar con elevado consumo de PA o mayor masa muscular, lo que reduce la precisión del FGe en individuos con alto porcentaje de masa magra o en las poblaciones sanas. Estas limitaciones, junto al riesgo de hiperfiltración glomerular, hacen del FGe un marcador subóptimo de FR en los atletas. Por este motivo, ante la imposibilidad de medir CCr, la cistatina C (CisC) sería la alternativa26. La La CisC es una sustancia de producción constante por la mayoría de las células nucleadas y de exclusiva excreción renal, cuya concentración no está influida por la edad, sexo, o masa muscular. Estas características la han convertido en un marcador de FR si bien, puede verse afectada por factores como tabaco, obesidad e inflamación. Varios estudios han concluido que la estimación del FG utilizando Cr y CisC (eGFRcr-cys) refleja de una manera más precisa la FR que las estimaciones de Cr o de CisC por separado144,145. El único estudio de aquellos que evaluan los efectos de las DHP sobre la FR en sujetos con FR normal que ha utlizado CisC es el de Juraschek et al.70. En él se objetivó un aumento significativo del FGe por CisC (+3,81ml/min/1,7m2; p<0,001) acompañado de un descenso de CisCplasmática de −0,04mg/l al final del período de observación en los sujetos con DHP (25% de las calorías totales procedían de IP; asumiendo una ingesta estándar de 2.000kcal/día se trataría aproximadamente de una IP 1,4-1,6g/kg/d) frente al resto de dietas (hidratos de carbono y grasas insaturadas). La Cr plasmática aumentó en todos los grupos (+0,02mg/dl; p=0,04 en DHP; +0,03 en el resto de grupos p<0,001) no mostrando datos sobre la modificación del FGe por Cr, que serían esperablemente más bajos si aplicamos su fórmula de estimación. En este estudio estos hallazgos sugieren que la hiperfiltración inducida por una DHP, podría quedar parcialmente enmascarada cuando se utiliza Cr como marcador de filtrado.
Cabe destacar que ninguno de los estudios mencionados contó con supervisión ni colaboración de nefrólogos/as. Pese a estas limitaciones, la ISSN afirma que «varios estudios controlados de hasta un año de duración, con IP 2,5-3,3g/kg/d, demuestran consistentemente la ausencia de efectos adversos sobre FR»25. En consecuencia, nutricionistas deportivos y redes sociales suelen citar estos estudios como evidencia de seguridad de las DHP. Debemos señalar, según declaran dichas guías, que la ISSN recibe financiación de compañías de suplementos proteicos y varios de sus autores presentan conflictos de interés con la industria de nutrición deportiva25.
Las recomendaciones dietéticas deben individualizarse en todo caso, no solo en sujetos de alto riesgo, siendo erróneo asumir que el deportista está sano per se. Un estudio en poblaciones centroamericanas con ERC de etiología desconocida sugiere que la combinación repetida de episodios de esfuerzo extremo, calor y deshidratación podría inducir episodios de fracaso renal agudo y ERC, incluso en ausencia de comorbilidad previa146. Esto, convertiría al deportista en la población de riesgo de ERC, sumando además el consumo de otros agentes potencialmente nefrotóxicos como antinflamatorios no esteroideos, suplementos dietéticos y ergogénicos como anabolizantes, relacionados estos últimos con glomeruloesclerosis focal y segmentaria128,147.
Resulta relevante considerar que, aun evidenciando hiperfiltración asociada a DHP, numerosos autores subrayan la ausencia de repercusión renal en sus conclusiones, lo que podría interpretarse como una cierta falsa seguridad58,64–69, incluso encontrando algunos un deterioro franco de la FR30. La falta de períodos de seguimiento adecuados junto con la incorrecta medida de FR y la ausencia de determinación de albuminuria hace muy difícil poder establecer el riesgo de ERC que implica una IP elevada, dotando posiblemente de cierta inconsistencia a estas afirmaciones de seguridad.
En cuanto al papel que pueden desempeñar 2 variables fundamentales como la edad y el sexo, en conjunto, la evidencia procedente de los estudios observacionales, ensayos clínicos, metaanálisis y estudios en la población deportista indica de forma consistente que estos factores desempeñan, en general, un papel limitado como modificadores del efecto de la IP sobre la FR, actuando fundamentalmente como variables de ajuste más que como determinantes de los resultados. En la mayoría de los trabajos, las asociaciones entre IP y desenlaces renales o metabólicos se mantienen tras ajustar por estas variables, sin evidencia robusta de interacción significativa11,33,39,41,55,57,59,60,65,67,70,71,85–93. No obstante, existen matices relevantes: algunos estudios fisiológicos sugieren una posible modulación por la edad, especialmente en relación con la respuesta del FG en sujetos mayores, lo que podría reflejar una mayor susceptibilidad renal asociada al envejecimiento94,95. Por otro lado, la influencia del sexo ha sido escasamente evaluada, en gran parte debido a la frecuente inclusión de muestras homogéneas o a la ausencia de análisis estratificado64,69,78–82,84,114. Esta limitación es especialmente marcada en estudios en deportistas, donde predominan cohortes de varones jóvenes entrenados, restringiendo la generalización de los hallazgos28–32. En conjunto, aunque la evidencia disponible sugiere que la edad y el sexo no modifican de forma sustancial los efectos de la IP en las poblaciones sin enfermedad renal establecida, la heterogeneidad metodológica y la infraexploración sistemática de estas variables justifican la necesidad de futuros estudios específicamente diseñados para evaluar su papel modulador.
ConclusiónLa mayoría de estudios epidemiológicos, así como aquellos controlados y con adecuada medición de FR, muestran cómo las DHP se asocian a mayor riesgo de repercusiones renales ya sea por hiperfiltración, caída del FG, aparición de albuminuria o aumento del riesgo de ERC. La falta de un seguimiento prolongado, así como de una medición y valoración adecuada de FR, hace que las conclusiones de muchos de los estudios que abordan este tema no puedan tener una consistencia suficientemente robusta. No deja de ser llamativo que la albuminuria no se haya medido en la gran mayoría de los estudios sobre este tema, siendo un valor definitorio de ERC independientemente de la FR, marcador de progresión de la misma y consecuencia directa de una hiperfiltración mantenida.
Dado el extendido uso de estas dietas y suplementos con objetivo de pérdida ponderal, rendimiento deportivo o composición corporal, consideramos que sería recomendable evitar las afirmaciones de seguridad renal a largo plazo basadas, en numerosas ocasiones, en interpretaciones inadecuadas de los estudios. Muchos de ellos muestran elevaciones del FGe o del CCr ya a corto plazo siendo interpretados como ausencia de repercusión dada la normalidad de sus valores. Como ya se ha mencionado, en base a varios estudios de adecuado diseño, la hiperfiltración es factor de riesgo para el desarrollo de ERC. El aumento progresivo de la incidencia y prevalencia de esta enfermedad, en muchos casos de origen multifactorial o desconocido, podría verse explicado en parte por el abuso de este tipo de dietas, representando uno de los insultos que a lo largo de nuestro curso vital pueden reducir la vida útil renal. No todo sujeto sometido a este tipo de dietas desarrollará ERC, pero sí puede suponer un riego para todos. Son necesarios más estudios con un diseño, tamaño muestral y período de seguimiento adecuados que permitan conocer las repercusiones reales de una alta IP.
FinanciaciónLa presente investigación no ha recibido ayudas específicas provenientes de agencias del sector público, sector comercial o entidades sin ánimo de lucro.
Declaración sobre el uso de IA generativa y tecnologías asistidas por ia en el proceso de preparación del manuscritoDurante la preparación de este trabajo, los autores utilizaron ChatGPT con el fin de crear un abstract gráfico. Tras el uso de esta herramienta, los autores revisaron y editaron el contenido según fue necesario y asumen plena responsabilidad sobre el contenido del artículo publicado.
Conflicto de interesesLos autores declaran no tener ningún conflicto de intereses.













