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Vol. 26. Núm. 4.Agosto 2006
Páginas 415-524
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TEMPERATURA DEL BAÑO Y TOLERANCIA A LA HEMODIALISIS
Temperature of the dialysis bath and hemodialysis tolerance
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J. L. Teruel, J. Martins, J. L. Merino, M. Fernández Lucas, M. Rivera, R. Marcén, C. Quereda, J. Ortuño
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En el presente trabajo estudiamos la repercusión de la temperatura del baño sobre la estabilidad hemodinámica en la hemodiálisis actual. También analizamos su influencia en la percepción del enfermo de la calidad de la diálisis valorada a través de un índice de valoración subjetiva de la sintomatología en hemodiálisis (ISHD), y en el síndrome de fatiga postdiálisis valorado mediante un índice de sintomatología posthemodiálisis (ISpostHD) y el tiempo de recuperación del mismo (TRpostHD). Hemos incluido a 31 enfermos clínicamente estables (13 varones y 18 mujeres) cuyo único criterio de selección fue que se dializaban en turno de mañana. El estudio ha sido realizado en dos semanas: en la primera semana los enfermos se dializaron con su temperatura de baño habitual (37 °C) y en la segunda semana se bajó la temperatura del baño a 35,5 ºC. Al reducir la temperatura del baño hemos objetivado un aumento de la tensión arterial postdiálisis (122 ± 24 vs 126 ± 27 mmHg, p < 0,05) y una disminución de la frecuencia cardíaca postdiálisis (82 ± 13 vs 78 ± 9 latidos/min, p < 0,05), con la misma tasa de ultrafiltración. También disminuyó el ISHD (0,7 ± 0,9 vs 0,4 ± 1, p < 0,05), el ISpostHD (1,3 ± 1 vs 1 ± 0,9, p < 0,05) y el TRpostHD (5,4 ± 6,3 vs 3,1 ± 3,3 horas, p < 0,05). El beneficio clínico obtenido con una temperatura baja de baño no fue universal, sino que fue exclusivo de los enfermos que mostraron una peor tolerancia clínica con la temperatura habitual de baño o que tuvieron más de un episodio de hipotensión a la semana. En los restantes enfermos no se observó ninguna mejoría, incluso empeoró el ISHD. Al finalizar la segunda semana del estudio se les preguntó a los enfermos qué temperatura de baño preferían: siete enfermos (23%) mostraron preferencia por la temperatura de 37 ºC, diecinueve enfermos (61%) por la temperatura de 35,5 ºC, y a los 5 enfermos restantes (16%) les resultaba indiferente. A los enfermos de los dos últimos grupos se les continuó dializando con temperatura baja de baño durante 4 semanas. Dos enfermos solicitaron volver a la temperatura de baño de 37 ºC; en los 22 enfermos restantes persistió la mejoría clínica tras cinco semanas de diálisis con temperatura baja. Podemos concluir que la temperatura del baño sigue ejerciendo una influencia relevante en la tolerancia de la hemodiálisis. La reducción de la temperatura disminuye tanto la sintomatología durante la sesión de hemodiálisis como el síndrome de fatiga postdiálisis. La mejoría no es universal y por tanto no se trata de una medida para aplicar de forma generalizada. La hemodiálisis con temperatura baja está especialmente indicada en los enfermos con mala tolerancia a la temperatura habitual de 37 ºC.
In this study, the effect of dialysate temperature on hemodynamic stability, patients¿ perception of dialysis discomfort and postdialysis fatigue were assessed. Thirty-one patients of the morning shift were eligible to participate in the study. Three patients refused. Patients were assessed during 6 dialysis sessions: in three sessions the dialysate temperature was normal (37 ºC) and in other three sessions the dialysate temperature was low (35,5 ºC). To evaluate the symptoms along the dialysis procedure and the postdialysis fatigue, specific scale questionnaires were administered in each dialysis session and respective scores were elaborated. Low temperature dialysate was associated with higher postdialysis systolic blood pressure (122 ± 24 vs 126 ± 27 mmHg, p < 0,05), and lower postdialysis heart rate (82 ± 13 vs 78 ± 9 beats/min, p < 0,05) with the same ultrafiltration rate. Dialysis symptoms score and postdialysis fatigue score were better with the low dialysate temperature (0,7 ± 0,9 vs 0,4 ± 1 vs p < 0,05, and 1,3 ± 1 vs 1 ± 0,9 p < 0,05, respectively). Furthermore, low temperature dialysate shortened the postdialysis fatigue period (5,4 ± 6,3 vs 3,1 ± 3,3 vs hours, p < 0,05). The clinical improvement experimented with the low temperature dialysate was not universal. A beneficial effect was exclusively observed in the patients with higher dialysis symptoms and postdialysis fatigue scores or having more than one episode of hypotension in a week. The patients were asked about their temperature preference, 7 patients (23%) request a dialysate at 37 ºC, 19 patients (61%) prefered to be dialysed with the low temperature dialysate, and 5 patients (16%) were indifferent. The later two groups of the patients continued with the low temperature dialysate during other 4 weeks. At the end of that period, the clinical improvement remained unchanged. In summary, low temperature dialysate is particularly beneficial for highly symptomatic patients.
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